Los religiosos, asombrados de oír obras tan contrarias a la humanidad y a la costumbre cristiana, cobraron mayor ánimo... y, encendidos, del calor y del celo de la honra divina y doliéndose de las injurias que contra su ley y mandamientos de Dios se hacían, de la infamia de su fe..., y compadeciéndose entrañablemente de la miseria padecida por tan gran número de personas...